Nota con Juan Carlos Porcel

Durante todo el mes de febrero y hasta el primer fin de semana, la Ciudad de Buenos Aires será sede de más de 30 corsos que se desarrollarán en distintos puntos de su territorio. Uno de los más convocantes es el ya clásico carnaval de Boedo.

“El carnaval es algo que vivimos intensamente. Es algo que se incorpora a nosotros y nos acompaña siempre. Boedo, como muchos barrios, vive al carnaval como una fiesta ya que el corso es muy tradicional y tiene muchos años”, aseguró Juan Carlos Porcel, coordinador del corso de ese barrio.

En ese marco, agregó: “Este no es un evento más. Es la posibilidad que tiene la familia de reencontrarse con sus pares y de disfrutar de un espectáculo gratuito. Esto es para todos los vecinos, sin distinciones de clase social o de ningún tipo. La idea es pasarla bien”.

“Siempre se busca la veta solidaria en el espacio público. Eso implica brindar seguridad y comodidad a las personas”, planteó Porcel en diálogo con Roberto Villalobos Atlas.

La organización del corso corre por cuenta de la Asociación Civil Chiflados de Boedo. Se trata de una entidad con un trabajo territorial y social importante, que además cuenta con un espacio cultural ubicado en Avenida San Juan 3545 en el cual se desarrollan diversas actividades.

“Organizar un corso implica un esfuerzo muy grande. Los preparativos llevan todo el año. No solo convocamos a los artistas, sino que mechamos otras actividades relacionadas al barrio. Hacemos esto con el corazón, pensando en la seguridad del vecino. Queremos que la gente la pase bien. La idea principal es cambiarles un poco su realidad”, señaló Porcel.

Asimismo, reflexionó: “Las murgas venimos con el arrastre de un período en el cual nos quisieron ocultar, ya que en la dictadura sacaron los feriados. En aquel momento, la fiesta dejó de ser oficial y pasó a ser algo marginal. Eso nos condicionó y nos alejó del hábito de la gente de salir”.

“Venimos de un periodo en el que se impuso el individualismo, el ‘sálvese quien pueda’ o el ‘por algo será’. Ahora, la murga debe reconstruir ese tejido social que se rompió a través de la solidaridad”, remarcó el organizador del corso.

Porcel también hizo referencia a los valores que se adquieren dentro de las agrupaciones de carnaval: “La murga es un espacio de construcción colectiva y, a la vez, una herramienta de inclusión social porque contiene a muchos pibes en el marco de un proyecto artístico. Además,  este espacio integra a la familia: están en un mismo plano los abuelos, los padres y los hijos y todos tienen la misma importancia”

“Aquí también, en un mismo espacio, se unen médicos y operarios, peronistas, radicales y comunistas. La murga corta transversalmente a la sociedad”, afirmó.

Finalmente, Porcel dijo a Roberto Villalobos: “Mucha gente tiene una idea mal formada de la murga, pero detrás de un bombo hay muchas cosas: historias de vida, sociales y familiares. En estos espacios uno puede ser cómo es, siempre sobre la base del respeto”.

“La murga debe ser reconocida artísticamente y debe tener el lugar que se merece dentro del área de la cultura”, concluyó.

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